Más que una reflexión, esto es un desahogo. Y sí, lo escribo esperando que lo leas tú.
Sí, tú, que crees que puedes hacer nuestro trabajo con diseños pedorros saturados de información, usando las mismas tipografías de siempre, los mismos estilos de publicaciones para redes sociales y esos logotipos que, el día de mañana, probablemente van a tener otras veinte empresas porque también le pidieron “algo minimalista y elegante” a la misma plataforma.
La inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse. Eso no está en discusión. La usamos, la entendemos y sabemos que puede ser una herramienta poderosa. El problema no es la IA. El problema es creer que por escribir tres instrucciones mal redactadas ya te crees estratega, diseñador, creativo, mercadólogo y hasta director de marca.
Spoiler: no lo eres.
Alguna vez me tocó un cliente que me contrató para desarrollar el nombre de su empresa. Desde el principio sabía cuánto costaba el proyecto y aceptó. En la primera ronda de propuestas autorizó el nombre, pero el muy descarado me dijo: “yo también lo pude haber hecho”.
Mi respuesta fue sencilla: “Sí, pero no se te ocurrió.”
Y ahí está el punto. Las ideas no valen únicamente por cómo se ven. Valen por lo que resuelven, por lo que comunican, por lo que provocan y por la estrategia que tienen detrás. Un nombre no es una ocurrencia. Un logotipo no es un “dibujito” bonito. Una campaña no es subir diseños a Instagram para ver si pega algo. Una marca no se construye con plantillas, prompts reciclados y frases que suenan a folleto de coach motivacional.
La IA puede ayudarte a ejecutar más rápido, pero entiéndelo no puede reemplazar el criterio que no tienes, la experiencia que no has construido, ni la sensibilidad que se necesita para entender una marca, un mercado y una intención.
Entiéndelo:
1. Si no sabes de comunicación, vas a comunicar mal.
2. Si no sabes de diseño, vas a decorar.
3. Si no sabes de marketing, vas a publicar por publicar.
4. Si no sabes de branding, vas a terminar creando una marca que se ve igual a todas las demás, pero con la seguridad de quien cree que descubrió el hilo negro porque ChatGPT le dijo “excelente propuesta”.
La IA no está destruyendo la creatividad. La mediocridad disfrazada de innovación, sí.
Úsala, pero con la cabeza, con criterio y con responsabilidad. Porque una herramienta no te convierte en experto, es tan absurdo como pensar que un bisturí en la mano te hace cirujano… y que un prompt en la computadora te convierte en publicista.
Y si te sientes aludido, relax… no estoy diciendo que la IA haga basura; sino que, en tus manos, se nota demasiado.
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